EL FÚTBOL

 Foto: Mitch Rosen

Foto: Mitch Rosen

El fútbol es un juego de precisión donde también juega la suerte.

Para errar o anotar un gol solo basta con disparar al arco. 

El fútbol es lo más parecido al sexo: hay ajetreo, sudor, tensión, desequilibrio, ansiedad, gritos, aceleramiento y clímax... y claro, no falta el teatro.

El fútbol es como salir con una chica con la que hay mutua atracción: hay trabajo de zona y por los costados, marcación cuerpo a cuerpo, se juega al límite sin caer en el fuera de lugar, se busca siempre la proyección y la jugada sorpresa. La diferencia con el fútbol es que solo al final los jugadores se quitan la camiseta.

El fútbol es una ciencia tan inexacta como injusta. 

El fútbol suele ser el deporte más injusto donde siempre termina ganando el que anota más goles.

 Foto: Sam Vermut

Foto: Sam Vermut

En el fútbol todo argumento es posible una vez concluye una jugada.

El fútbol es el arte de combinar una constante en medio de muchísimas variantes. 

En el fútbol los palos juegan a favor y en contra.

En los himnos nacionales se demuestra que los futbolistas no nacieron para cantantes.

"La puso como con la mano": la prueba de que jugar solo con los pies es difícil.

"El partido termina con el pitazo final": la verdad de Perogrullo del fútbol.

"Hizo la más difícil y se complicó con la más fácil": razón que corrobora que en el fútbol lo importante es no perder la pelota.

En el fútbol no se puede perder la paciencia ni la pelota de vista.

 Foto: Bianca Isofache

Foto: Bianca Isofache

"Si nosotros tenemos la bola ellos no van a poder a anotar": claro, a menos que sea un autogol.

"No pudimos concretar las oportunidades que tuvimos":  la manera en que jugadores y técnicos pretenden eludir su incapacidad. Las oportunidades eran concretas, lo que no pudieron concretar fue el gol.

"Tenemos que seguir trabajando": lo más parecido a "somos unos troncos".

"Por ahí nos faltó ser más precisos en el último toque": sí, pendejos. 

"El resultado es injusto. Solo nos faltó concretar": lo concreto es que no ganaron.

"Fue una desinteligencia": simple y llanamente una cagada.

 Foto: Willian Justen de Vasconcellos

Foto: Willian Justen de Vasconcellos

La celebración de un gol es comparable a un festejo orgiástico entre homosexuales. Vale también para el fútbol femenino.

Las mujeres más sexys en el fútbol son las de los jugadores famosos, las que lanzan insultos desde las tribunas o las que te traen una cerveza mientras miras un partido en la tele. 

El fútbol es un deporte de machos que las mujeres juegan muy bien.

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No hay nada más subjetivo que un penalti o un fuera de lugar cuando de apreciación se trata.

En el fútbol las madres de los jugadores, técnicos y árbitros son las más recordadas.

El gol en el fútbol siempre va a ser el resultado de la magia, un error, mucho sudor o el árbitro.  

En el fútbol un árbitro puede estar al pie de la jugada y al mismo tiempo ver otro partido.

Lo que hace al fútbol impredecible y humano son las decisiones del árbitro. Maldito desgraciado.

 Foto: Jannik Skorna

Foto: Jannik Skorna

En el fútbol se puede ser héroe o villano o las dos cosas en un mismo partido. 

En el fútbol los principales incriminados siempre levantan las manos para decir "yo no hice nada".

Las 18 es el área donde a veces no ocurren penalties.

Las 18 es el área que muchos jugadores confunden con una piscina.

Basta ver una falta atroz, con caída estrepitosa, retorcijón y mueca desgarrada de dolor para afirmar que el jugador de fútbol tiene la capacidad de recuperación más asombrosa del planeta. 

En un partido entre Alemania e Italia el número de faltas sufridas por los alemanes tiende a ser mayor que las recibidas por los italianos, pero si se da el caso contrario, es porque los italianos son buenos actores.

Un buen arquero sabe que la mejor forma de conjurar un ataque es quemando tiempo.

Dicen que un penalti es medio gol. No es así. Un penalti debería ser siempre gol. Cuando la bola es bien colocada hay puntos físicamente imposibles para un arquero. 

 Foto: Vidar Nordli Mathisen

Foto: Vidar Nordli Mathisen

El fútbol es un juego que requiere de inteligencia, visión y decisiones muy rápidas. Por ello, una pausa puede dar muy buenos frutos.

El fútbol es muy parecido al boxeo, más allá de las peleas y que ambos tengan su cuota de sangre. Ambos deportes requieren de mucha técnica, mucho coraje y no permiten descuidos. Una jugada bien hilada equivale a un golpe que el rival puede sentir. Un gol significa besar la lona. Igual si son dos o tres veces. Puede ser una debacle y suena a paliza, pero hay espacio para la sorpresa porque ambos deportes han demostrado que aquel que va abajo en el marcador se puede levantar y propinar un nocaut.  

Lo único escrito en el fútbol son las estadísticas.

SUPERHEROES IN EXTINCTION

“Dad, why do people believe the story of superheroes?”

“Well, in a way they are a reflection of what many of us would like to be or what we would like to see: that someone who is gifted saves us from danger.”

“And why do we have to tell ourselves those lies?”

“I suppose it's because sometimes we need others more capable than us.”

“The superheroes are a deception and every day we have more.”

“Well, the truth is that before there were three or four who were the best, those who could defeat all the villains and protect the Earth from great calamities. Now, one goes out every week or they get together with others to form Justice Leagues or groups of Avenger.”

“Don’t you think that in itself is already an indication of how weak they are?”

“Good heavens, son! I had not thought about it that way, but it's true. A true superhero would be enough to kill all the enemies.”

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“So, why do we need them? Do we not have God?”

“Of course, but there are earthly issues that require earthly actions, that's why we need them, because we feel helpless before the unknown and that's why all cultures have had their heroes. Some are mythological, others come from legends. They come in many shapes and forms, from gods and demigods, to warriors and magical beings, but all have basically fulfilled the same role: protect men from dark forces, evil plans, monsters or enemies.”

“And what role do they play now?”

“To save us from modern dangers.”

“That's why they changed their look ...”

“Yes, they go with fashion.”

“Tell me one thing, dad: Who will believe in a Superman who previously wore a cotton jumpsuit and now looks like a model stuffed in Spandex?”

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“Hahaha. All have to adapt, son. Keep in mind that many of today's superheroes were born with the Great Depression and were a reflection of their time. In those years, the gringos were so beaten that they needed their own saviors and their creators used them as a way to raise the morale of the people.”

“And since then we have superheroes gringos?”

“The gringos did not invent the superheroes, but relied on others to create new ones.”

“So they are not even originals?”

“Practically not. Modern superheroes took the faculties and powers primarily from the gods and characters of Greco-Roman mythology. They copied many features and added some changes. Some were dressed in the colors of the American flag, others were given a mask and winged sandals, others had to go through tough tests in the style of Hercules.”

“So there is no genuine one.”

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“I'm afraid not. The heroes are repeated: they are usually children of a God or a king - almost always the product of a forbidden relationship - they are descendants of a chosen tribe or suffer a tragedy that forces them to overcome great challenges. You see this in some biblical passages and ancient legends where the same element of the child - future hero - is repeated, which, being marked by these characteristics, is abandoned at birth.”

“How is that?”

“The future heroes are abandoned either to save them from a tyranny or to prevent them from killing a king who, often, is their own father. Ultimately, it is a way to strengthen their character.”

“You said it, they are myths and legends.”

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“They have something in common. Look no further in the stories of Moses, Perseus, Karna, Romulus and Remus or Sargon the Great. All of them were thrown into the water when they were babies.”

“Superman’s parents sent him in a capsule when he was a baby.”

“You see? Is the same. In that case he was sent to Earth to save him from the destruction of his planet. Heroes come to this world in difficult circumstances. Without going any further, Superman is a mirror of Jesus. His parents did not let go of him to save him, but they did have to take him to a new land so that the boy could fulfill his mission.”

“But there are exceptions. Thor is Thor and is still a Nordic god, only he now speaks English.”

“Well, Thor and Hercules, who now also speaks English, are practically the same hero.”

“I could say the same about Batman, Spiderman or Hulk. Although they are human, they repeat the traumas or tests of many others.”

 FOTO: SERGE KUTUZOV

FOTO: SERGE KUTUZOV

“In part, yes. They are solitary heroes, they are orphans and they have superpowers. Bruce Wayne has a lot of money, while Peter Parker or Bruce Banner received special gifts because of a scientific accident. Perhaps Bruce Wayne is the only one of the three who developed his powers through rigorous training.”

“In any case, I do not believe any of them. What they are is a commercial invention, a bunch of dolls that are not even genuine. Just as the heroes of the past were born with powers or were granted to them by extraordinary means, so their modern copies repeat the same formula. Even mutants, metahumans or those who are half machine and half human are the product of a genius, a military experiment, radioactive exposure or genetic modifications. They are all a lie.”

“Don't forget, son, that there are some that are pure human creations. I mean the super soldiers. Armors and exoskeletons are a reality. Their powers are of this world.”

“They will be the only ones to whom I believe.”

“They could be the flesh and iron heroes of the future.”

“Maybe. Anyway, I think that superheroes as we know them are destined to disappear.”

“Do you really believe it?”

“Completely. There is so much saturation that they will become outdated. Even the Comic-Cons are going to be obsolete for the same nerds. Over time they will look like stamp collector events. A few will be interested in something antiquated.”

“For now it is not like that. There are many people who identify with the characters in the comics. They dress like they do, act like them and even feel like them.”

“They look ridiculous. They will go out of style.”

“I'm not sure. The idea of uperior beings and superheroes is deeply rooted in the human psyche.”

“Humanity evolves, dad. Before, for example, people believed in a source of eternal youth, in a physical source, a special place. Today many of us know that "eternal youth" can be achieved with scientific and artificial methods. Just as men have left behind beliefs and superstitions, so they will stop believing in superheroes.”

“Surely everything will change, even the characters, some will disappear, but others will come. Humanity will have so many problems that if superheroes are missing, people will create new ones or others will come from old fables and legends. We will have African heroines, Irish wizards and Mesopotamian, Asian or robotic warriors. The list is endless.”

“What I think is that while the heroes do not belong to reality, those who believe in them will continue to live a fantasy. There will be many types of new fantasies, but more advanced people will seek deeper and more authentic experiences.”

“And don’t you think that an extraordinary being can exist? What if a powerful person come from another planet or that humans can mutate?”

“I do not see how a human could identify with something that is not like us.”

“Keep in mind that people identify with superheroes because they have a lot of humans. They are vulnerable like us.”

“They are still a projection to satisfy a fictitious alter ego, deformed and irrational.”

 FOTO: JOEY NICOTRA

FOTO: JOEY NICOTRA

“And that does not make them human?”

“Excuse me to say it, dad, but they are bullshit. We realize that they have their weaknesses, that they can be destroyed and we suffer for a while thinking that they can be defeated, but we want them to always win, and they always win.”

“And don’t you want them to win?”

“If I see them defeating real bad guys, I will believe them. It would seem that the enemies they face are the most evil in the Universe, but they are pathetic. Some villains have a superior intelligence or a very sophisticated criminal minds, they even have the secret weapon or the counterweight that neutralizes the superheroes, but they are all stupid.”

“Why you say that?”

“Because frankly they are amateurs. They fail in the most ridiculous things, many times when the superhero is completely defeated.”

“Son, have you thought that, just as superheroes have an Achilles heel, for us death is our Kryptonite? That's why we want them to win, because they are our only chance to win while we are alive. If not, we would be very fucked up.”

“We already are, with or without superheroes. That's why I prefer to find true heroes.”

 

SUPERHÉROES EN EXTINCIÓN

—Papá, ¿por qué la gente se cree el cuento de los superhéroes? 

—Bueno, de cierto modo son un reflejo de lo que a muchos nos gustaría ser o lo que nos gustaría ver: que alguien superdotado nos salve de un peligro.

—¿Y por qué tenemos que decirnos esas mentiras?

—Supongo que es porque a veces necesitamos de otros más capaces que nosotros.

—Los superhéroes son un engaño y cada día aparecen más.

—La verdad es que antes había tres o cuatro que eran los mejores, los que podían derrotar a todos los villanos y proteger a la Tierra de grandes calamidades. Ahora, sale uno cada semana o se juntan con otros para armar Ligas de la Justicia o grupos de Vengadores.

—¿No crees que eso de por sí ya es un indicativo de lo débiles que son?

—¡Caramba, hijo! No lo había pensado de ese modo, pero es cierto. Un verdadero superhéroe sería suficiente para acabar con todos los enemigos.

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—Entonces, ¿porqué los necesitamos? ¿Acaso no tenemos a Dios?

—Desde luego, pero hay asuntos terrenales que requieren de acciones terrenales, por eso los necesitamos, porque nos sentimos indefensos ante lo desconocido y por eso todas las culturas han tenido sus héroes. Algunos son mitológicos, otros provienen de leyendas. Los hay de todo tipo: dioses, semidioses, guerreros y seres mágicos, pero todos básicamente han cumplido el mismo papel: proteger al hombre de fuerzas oscuras, planes malévolos, monstruos o enemigos.

—¿Y qué papel cumplen ahora?

—Salvarnos de los peligros modernos. 

—Y por eso han cambiado de pinta... 

—Sí, van con la moda.

—Dime una cosa, papá: ¿Quién le va a creer a un Superman que antes se ponía un mameluco de algodón y ahora parece un modelo embutido en Spandex?

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—Ja, ja, ja. Todos se han debido adaptar, hijo. Ten en cuenta que muchos de los superhéroes de ahora nacieron con la Gran Depresión y eran un reflejo de la época. Por esos años, los gringos estaban tan golpeados que necesitaban sus propios salvadores y sus creadores los utilizaron como un modo de subirle la moral al pueblo. 

—¿Y desde entonces tenemos superhéroes gringos?

—Los gringos no inventaron los superhéroes, sino que se basaron en otros para crear nuevos.

—¿O sea que ni siquiera son originales?

—Prácticamente no. Los superhéroes modernos tomaron las facultades y poderes principalmente de los dioses y personajes de la mitología greco romana. Copiaron muchas características y agregaron algunos cambios. A unos los vistieron con los colores de la bandera estadounidense, a otros les dieron antifaz y sandalias aladas, a otros les tocó pasar por duras pruebas al estilo de Hércules.

—O sea que no hay uno genuino.

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—Me temo que no. Los héroes son repetidos: por lo general son hijos de un Dios o de un rey —casi siempre producto de una relación prohibida—, son descendientes de una tribu elegida o sufren una tragedia que los obliga a superar grandes retos. Esto lo ves en algunos pasajes bíblicos y leyendas antiguas donde se repite el mismo elemento del niño —futuro héroe— que, al estar marcado por esas características, es abandonado al nacer. 

—¿Cómo es eso?

—Los futuros héroes son abandonados bien sea para salvarlos de una tiranía o para evitar que cuando sean adultos maten a un rey que, a menudo, es su propio padre. En últimas, es una manera para fortalecer su carácter. 

—Tú lo has dicho, son mitos y leyendas.

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—Algo tienen en común. Fíjate no más en las historias de Moisés, Perseo, Karna, Rómulo y Remo o Sargón el Grande. A todos ellos los tiraron al agua siendo bebés.

—A Superman sus papás lo enviaron en una cápsula también siendo bebé.

—¿Ves? Es lo mismo. En ese caso fue enviado a la Tierra para salvarlo de la destrucción de su planeta. Los héroes vienen a este mundo en circunstancias difíciles. Sin ir más lejos, Superman es un espejo de Jesús. Sus padres no se desprendieron de él para salvarlo, pero sí tuvieron que llevarlo a una nueva tierra para que el niño pudiera cumplir su misión. 

—Pero hay excepciones. Thor es Thor y sigue siendo un dios nórdico, solo que ahora habla inglés. 

—Pues, Thor y Hércules, quien ahora también habla inglés, son prácticamente el mismo héroe. 

—Podría decir lo mismo de Batman, El Hombre Araña o Hulk. Aunque son humanos, repiten los traumas o pruebas de muchos otros.

 Foto: Serge Kutuzov

Foto: Serge Kutuzov

En parte, sí. Son héroes solitarios, son huérfanos y tienen superpoderes. Bruce Wayne tiene mucha plata, mientras que Peter Parker o Bruce Banner recibieron dones especiales por causa de un accidente científico. Quizás Bruce Wayne sea el único de los tres que desarrolló sus poderes mediante un riguroso entrenamiento.

—En todo caso, no le creo a ninguno. Toda esa partida de muñecos son un invento comercial y ni siquiera son genuinos. Así como los héroes de la antigüedad nacían con poderes o les eran otorgados por vías extraordinarias, así mismo sus copias modernas repiten la misma fórmula. Hasta los mutantes, los metahumanos o los que son mitad máquina y mitad humanos son producto de un genio, de un experimento militar, de la exposición radiactiva o de modificaciones genéticas. Todos son el mismo cuento.

—No te olvides, hijo, que hay unos que son netas creaciones humanas. Me refiero a los supersoldados. Las armaduras y los exoesqueletos son una realidad. Sus poderes son de este mundo.

—Serán los únicos a quienes les crea. 

—Ellos podrían ser los héroes de carne y hierro del futuro. 

—Quizás. De todas maneras creo que los superhéroes tal y como los conocemos están destinados a desaparecer. 

—¿De verdad lo crees?

—Completamente. Hay tanta saturación que van a resultar caducos. Hasta las Comic-Con van a ser obsoletas para los mismos nerdos. Con el tiempo se van a parecer a los eventos de coleccionistas de estampillas. A pocos les interesará lo anticuado.

—Por ahora no es así. Hay muchísimas personas que se identifican con los personajes de los cómics. Se visten como ellos, actúan como ellos y hasta se sienten como ellos.

—Se ven ridículos. Pasarán de moda. 

—No estoy seguro. La idea de seres superiores y superhéroes está muy arraigada en la psique humana.

—El hombre evoluciona, papá. Antes, por ejemplo, la gente creía en una fuente de la eterna juventud, en una fuente física, un lugar especial. Hoy muchos sabemos que la "eterna juventud" se puede lograr con métodos científicos y artificiales. Del mismo modo como el hombre ha dejado atrás creencias y supersticiones, así mismo dejará de creer en superhéroes.

—Seguramente todo irá cambiando, incluso los personajes, algunos desaparecerán, pero vendrán otros. La humanidad tendrá tantos problemas que si faltan superhéroes, crearán nuevos o llegaran otros de antiguas fábulas y leyendas. Tendremos heroínas africanas, magos irlandeses y guerreros mesopotámicos, asiáticos o robóticos. La lista es interminable. 

—Lo que pienso es que mientras los héroes no pertenezcan a la realidad, quienes creen en ellos seguirán viviendo una fantasía. Habrá muchos tipos de nuevas fantasías, pero las personas más avanzadas buscarán experiencias más profundas y auténticas.

—¿Y no crees que un ser extraordinario puede existir? ¿Qué alguien poderoso puede llegar de otro planeta o que los humanos pueden mutar?

—Igual, no veo cómo un humano se podría identificar con algo que no es como nosotros.

—Ten en cuenta que las personas se identifican con los superhéroes porque ellos tienen mucho de humanos. Son vulnerables como nosotros. 

—No dejan de ser una proyección para satisfacer un alter ego ficticio, deforme e irracional.

 Foto: Joey Nicotra

Foto: Joey Nicotra

—¿Y eso no los hace humanos?

—Perdón que lo diga, papá, pero son un embuste. Hacemos de cuenta que tienen sus debilidades, que pueden ser destruidos y sufrimos un rato pensando en que pueden ser derrotados, pero queremos que siempre ganen, y siempre ganan.

—¿Y es que acaso no quieres que ganen?

—Cuando se las vean con malos de verdad les creeré. Parecería que los enemigos que enfrentan son los más malvados del Universo, pero son patéticos. Algunos villanos cuentan con una inteligencia superior o unas mentes criminales muy sofisticadas, incluso, poseen el arma secreta o el contrapeso que neutraliza a los superhéroes, pero resulta que son todos unos estúpidos. 

—¿Por qué lo dices?

—Porque francamente son amateurs. Fallan en las cosas más ridículas, muchas veces cuando el superhéroe está completamente derrotado.

—¿Hijo, no has pensado que, así como los superhéroes tienen un talón de Aquiles, para nosotros la muerte es nuestra kryptonita? Por eso queremos que ganen, porque son nuestra única oportunidad de vencer mientras estamos vivos. Si no, estaríamos muy jodidos.

—Ya lo estamos, con o sin superhéroes. Por eso prefiero encontrar héroes verdaderos. 

 

 

 

LA ALTERNATIVA

—¡Está muerto! ¡Está muerto! —escuché las voces, algunas angustiadas, otras resignadas.

En ese momento quise decir que no era cierto, que estaba vivo. Pero sí, estuve muerto, no sé por cuánto tiempo. Es difícil explicarlo porque en realidad morí. 

Aquel día iba manejando y mientras cruzaba una intersección un imbécil que venía distraído con su teléfono se pasó el semáforo en rojo y me embistió de lleno. El impacto detuvo mi corazón y mi cerebro. Fue una muerte instantánea, sin embargo, seguía viviendo en otra vida. Recuerdo que tras el choque todo se volvió negro frente a mí y que luego empecé a entrar en otra esfera de conciencia donde todo era claridad. Allí fui recibido por ángeles, por seres de luz que me mostraban un camino cada vez más bello y apacible. 

A un cierto punto ellos me preguntaron si estaba listo para seguir y yo recuerdo que les pregunté acerca de mis hijos, mis padres, mis hermanos y la gente que yo quería. Ellos me dijeron que todos ellos iban a estar bien, que no debía preocuparme. Pero sentía dolor por ellos. Era como si yo mismo llorara mi partida. Entonces los seres de luz me preguntaron si tenía cosas que deseaba resolver antes de partir. En ese momento hice un recuento de tantas cosas pendientes que sentí angustia al pensar que me quedaría sin cumplirlas, pero sobretodo, entendí que quizás era más importante reparar los daños que había causado.

—¡Lo hecho, hecho está! Lo importante es lo que hagas de ahora en adelante —recibí como respuesta.

Una parte de mí quería continuar. Aquel camino se abría cada vez más mostrándome un lugar de dicha infinita. Pero algo me decía que no podía irme sin hacer algunos cambios y resarcir las faltas que había cometido consciente o inconscientemente. Si regresaba, ¿me daría la vida la oportunidad de decir “lo siento” a quienes herí u ofendí? ¿Tendría el modo de recorrer mis pasos para reparar los daños o mejorar lo bueno que hice? ¿Qué motivo tendría regresar si no podía devolver el tiempo o si era improbable que pudiera tener de nuevo el chance de reparar lo dañado?

—Lo importante es lo que hagas de ahora en adelante —volví a escuchar—. ¿Estás listo? —me preguntaron.

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En ese momento dudé o no supe qué responder y de inmediato me sobrecogió una gran aflicción. Un gran dolor comenzó a invadirme y sentí que por haber perdido la ocasión de responderle a los ángeles, por haber rechazado la oferta de quedarme en ese lugar de luz, había pasado del Cielo al Infierno. Estaba seguro de ello, pues el padecimiento era insufrible y todo a mi alrededor se había tornado rojo.

Todo era confuso. No entendía dónde me hallaba. Estaba solo, en un lugar horrible, pero escuchaba voces reconfortantes que no correspondían al sufrimiento que estaba padeciendo.

—Tranquilo. Todo va a estar bien —las voces parecían venir de todos lados.

La sensación de agobio era tremenda, el tormento insoportable y el rojo a mi alrededor amenazaba con envolverme de tal modo que, al verme atrapado y perdido, lancé un grito de desespero. Como si hubiera nacido, aquel grito me trajo de nuevo a este mundo.

Empecé a tener conciencia de mi cuerpo magullado y del terrible dolor de cabeza que transtornaba mis sentidos. También supe que aquel rojo eran las luces de las ambulancias y de las máquinas de los bomberos, y que aquellas voces eran las de los paramédicos que trataban de sacarme de mi auto retorcido.

Después de eso perdí el conocimiento o me sedaron, el hecho es que desperté en el hospital. 

Hoy ya estoy recuperado. De toda esa experiencia me quedan valiosas lecciones y un mejor entendimiento de las alternativas que tengo a mi disposición. Me di cuenta, sobretodo, de que en el superior esquema de las cosas los imbéciles cumplen un papel, y que gracias a aquel que se me atravesó en el camino pude entender cuán distraído andaba yo también por la vida. 

 

 

 

EL PLANETA DE LOS DISTRAÍDOS

He llegado a la conclusión de que la gente vive en otro planeta o que fui yo el que me mudé. 

Siento que hablo en otro idioma, que mis explicaciones son entendidas de otra forma, que cuando digo "quiero verde", recibo azul; que si digo "quiero rústico y no liso", me dan lo último. Pareciera que no sé cómo expresarme y que no sirve el modo directo, los bullet points, las metáforas, ni los ejemplos.

Me pasa a menudo con los servicios que contrato para mis libros, sea para el formato o el diseño de la carátula, pero también con representantes de servicio al cliente, sea por email o chat. Explico el caso y me responden con lo mismo, o peor aún, con una respuesta que no viene al caso, que no resuelve el problema o que ni siquiera lo considera.

¿Habrán leído lo que puse?, me pregunto.

 Foto: Kelly Sikkema

Foto: Kelly Sikkema

Creo que un simio me entendería.

En repetidas ocasiones he constatado que los diseñadores viven en su mundo y que cuando tienen una idea, siguen empeñados en hacer su diseño y no el que uno les está encargando. También me doy cuenta de que las personas viven en su cabeza y no se asoman a verificar quien les está tocando a la puerta, pese a que les están pagando por su servicio.

Muchos preguntarán: ¿qué clase de servicios estás contratando? Lo barato sale caro, dirán algunos. Sé que es así, pero tampoco lo es. Me pasa con servicios caros y baratos, y con personas que se supone deben hacer su trabajo en otras ramas aparte de la escritura.

¿Acaso no te ha sucedido que cuando ordenas comida en un restaurante de lujo o en otro no tan lujoso, el encargado de tomar el pedido la embarra y te dan otra cosa o se les olvida una parte? Es, simplemente, desatención.

Sé que, en general, las personas no leen. ¿Cuántas veces me pasa que tengo que indicar nuevamente que lean el documento adjunto o los benditos bullet points que he puesto, pues allí lo tienen todo clarito? Uno pensaría que les he dado las instrucciones molidas, pero no...

 Foto: Mubariz Mehdizadeh

Foto: Mubariz Mehdizadeh

Ahora bien, soy auto crítico y doy el beneficio de la duda, por lo cual entiendo que al explicar demasiado podría parecer confuso. Por eso digo: si algo no está claro, por favor no dude en consultarme. ¿Pero qué pasa? Que me encuentro con otra perla. ¿Cuál es la respuesta? Ni mierda. ¿Luego qué pasa? Que recibo lo que no quiero o no necesito, pero incluso si doy sugerencias sobre algo que sí funciona, reitero: aquí estoy para resolver dudas, para explicar algo si es necesario, para dar feedback a sus ideas. ¿Respuesta? Cric-cric-cric...

¿Y qué recibo? Lo que les dio la gana de enviar otra vez.

Nunca pensé que lo más difícil de publicar mis propios libros iba a ser lidiar con las personas a quienes delego las tareas que no sé hacer. Me siento como Nicosio, luchando contra el mar. En este caso, contra un océano de distraídos.

¿QUÉ ES MÁS FÁCIL: EL COMIENZO O EL FINAL?

Algunos me preguntan: ¿qué es más fácil, comenzar una historia o terminarla?

Las historias abundan, de modo que hay suficientes opciones. A lo mejor ya tienes una idea en mente que incluye el comienzo. En cuanto al final, puede que también sepas cómo termina, pero en caso de que no, te aseguro que el punto final aparece.

Una historia puede comenzar con cualquiera de estos dos elementos, el inicio o el final. Digamos que tenemos a dos personas en una isla desierta. ¿Este sería tu final o tu comienzo? En cualquiera de los dos casos: o pones a tus personajes en esa isla para cerrar tu historia o echas para atrás y explicas cómo fueron a parar ahí.

En el caso de que tu comienzo y final sean buenísimos, la trama se regirá por esos propósitos.

Los comienzos y finales pueden estar definidos con antelación, pero también pueden cambiar o adaptarse a la historia una vez hayas desarrollado la trama. Incluso, podrían cambiar completamente debido a que la trama se puede volver tan fascinante que merece un comienzo y un final distintos.

Así que, el comienzo y el final sirven a menudo de guías, y muchas veces son las puertas que te permiten entrar y descubrir otra historia, aquella que jamás hubieras imaginado. ¿Acaso no sucede lo mismo con la vida? Solo descubrimos cuando nos adentramos en terrenos desconocidos, sea siguiendo una pista, una intuición o la expectativa de un final que a veces puede o no cumplirse.

 Foto: William Iven

Foto: William Iven

Has este ejercicio mental: si te digo que las dos personas en la isla desierta ya no serán el comienzo ni el final de tu historia, sino una escena dentro de la historia, y siendo este el único detalle a partir del cual vas a narrar algo, ¿qué camino tomarías?, ¿a dónde te llevaría esta imagen? Imagínalo por un instante.

Con solo pensarlo ya te has planteado algunos escenarios. Quizás no has llegado a ver aún el final o el comienzo, pero con el solo hecho de ahondar en la situación de esas dos personas estás tejiendo una explicación, y por ende, si comienzas a narrar los hechos, en algún momento la historia te indicará dónde pudo haber comenzado y donde terminará.

De modo, pues, que a veces ni siquiera el comienzo o el final son indispensables para empezar a escribir. Basta una imagen, una sensación, una situación, un recuerdo para que a partir de ahí surjan los caminos de una historia.

El escritor es quien escoge la ruta, pero a veces es la historia misma la que viene con su comienzo y su final. 

¿DE DÓNDE SALEN TUS PERSONAJES?

¿DE DÓNDE SALEN TUS PERSONAJES?

¿De dónde salen tus personajes?, me preguntó un hombre hace poco, mientras ojeaba mi novela "Clara y sus oscuras intenciones". Le dije, "salen de la realidad", pero después me puse a pensar en el proceso que utilizo para crear personajes y me di cuenta que, casi todos, son el resultado de la combinación de muchas personas, vale decir, reales.

 Foto: Brenda Pacheco

Foto: Brenda Pacheco

Creo que un escritor, al igual que cualquier otro artista es, ante todo, un observador. Si no lo es de su entorno, entonces lo es de su interior. Un ejemplo de ello, es el "tremendo mundo dentro de la cabeza" al que se refería Franz Kafka. El escritor podrá ser esquizoide, voyeurista, mirón, espía, soñador o un mero inventor, sin embargo, hay un elemento común que acompaña cualquiera de estas facetas: el análisis. Para lograr el mejor retrato -o el más aproximado- de lo que se ve o se siente, es necesaria la disección y la interpretación.

Por ello, quizás escribir sea el arte más difícil en cuanto al resultado que se persigue. Si bien otras formas de expresión nacen también de la observación, la reflexión y el análisis, en la escritura se debe plasmar con palabras lo que otros construyen a través de formas abstractas o intangibles como notas y sonidos, o a su vez, mediante espacios, imágenes, colores o movimiento. Con las palabras se busca hallar el mejor significado, el concepto más preciso, la explicación más clara, y cada una es tan vital como una operación de alto riesgo.

La dificultad radica en que las palabras son limitadas, y por ende, nunca pueden abarcar, o bien, explicar la realidad. Las palabras, pues, son un instrumento infructuoso de aproximación a lo que conocemos. Aun así, logran sobrepasar lo real y lo ficticio, gracias a la imaginación y a la poesía.

De manera que la creación de personajes, en mi caso, parte de la observación y el reciclaje. Acumulo voces, gestos, ropa, apariencias y las voy guardando en el casillero de los detalles. A veces, un personaje puede estar inspirado en gran parte por una persona que he conocido, pero no puedo evitar recurrir al casillero para atribuirle otras características. En otros casos, mis personajes son la mezcla de muchos atributos y defectos, al punto que pierdo los rastros de su ADN.

 Foto: Curtis MacNewton

Foto: Curtis MacNewton

En medio de esta reflexión, no deja de maravillarme el hecho de que los lectores se identifiquen con gente que no conoce, o tal vez, debería corregirme: el lector hace lo mismo que yo, crea sus propios personajes a partir de los detalles y descripciones que se encuentra, añadiendo otros rasgos que desconozco. 

Esto hace que mis personajes terminen siendo más reales de lo que yo mismo imaginé.

LICENCIA PARA BORRAR - LICENSE TO ERASE

LICENCIA PARA BORRAR

-Las teclas pueden dar vida y obrar también como ametralladoras, de modo que si creaste un personaje, tienes licencia para matarlo.

-Por ende, es aconsejable no matar al personaje de otra novela que no es tuya, por razones de derechos de autor, aunque la idea no esté nada mal.

-Si matas al villano, dale una merecida muerte, que no titubeen tus dedos ni la mano del héroe o heroína.

-Por ningún motivo muestres su arrepentimiento. Incluso, si se arrepiente es bueno que lo mates. Al fin y al cabo, tu personaje debe ser tan villano que hasta tú mismo no debes creerle.

-Mata por necesidad, no por gusto. Aplica el punto final a un personaje cuando este se atraviese en la trama o no la deje avanzar.

 Foto: Edu Lauton

Foto: Edu Lauton

-Trata de no matar al mejor amigo del héroe. De hecho, puede que ese escudero sea más atractivo para los lectores que el propio héroe en la medida que es más real y encarna una de las cualidades que más premian los seres humanos: la fidelidad.  Si lo matas, dale una muerte digna, épica, como se la darías al propio héroe. El problema de matar al mejor amigo del personaje principal es que el héroe quedará inmerso en una especie de viudez, mientras que la culpa podría transformar su esencia, sino miren lo que le pasó a Batman. 

-Hay muchas razones por las cuales puedes matar a un personaje, pero hay una que constituye un suicidio para el propio autor y es aquella en la que el escritor falla en darle vida a su personaje. Esta es la manera más inútil de matar a un personaje sin segarle la vida.

 

LICENSE TO ERASE

-The keys can give life and act also as machine guns, so that if you created a character, you have license to kill it.

-Therefore, it is advisable not to kill the character of another novel that is not yours, for copyright reasons, even if the idea is not bad.

-If you kill the villain, give him/her a well-deserved death, do not let your fingers waver or the hand of the hero or heroine.

-For no reason show his/her repentance. Even after a contrition it is good to kill him/her. After all, your character must be so villainous that even you should not believe him/her.

-Kill out of necessity, not out of taste. Apply the end to a character if it gets traversed in the story or does not allow it to advance.

 Foto: Erika Wittlieb

Foto: Erika Wittlieb

-Try not to kill the hero's best friend. In fact, this squire may be more attractive to readers than the hero himself insofar as it is more real and embodies one of the qualities that most reward human beings: fidelity. If you kill him, give him a dignified, epic death, as you would give it to the hero himself. The problem of killing the best friend of the main character is that the hero will stay immersed in a kind of widowhood, while guilt could transform its essence. Look what happened to Batman.

-There are many reasons why you can kill a character, but there is one that constitutes a suicide for the author and it’s when the writer fails to give life to his/her character. That is the most useless way to kill a character without removing his life.

 

EL PUNTO Y LA COMA

EL PUNTO Y LA COMA

Una vez un punto conoció a una coma, cruzaron palabras y de ahí nació una larga conversación. Todo andaba de maravilla hasta que empezaron a surgir desacuerdos. Ella quería hablar y hablar poniendo una coma tras otra, y él sentía que le faltaba el aire, por lo cual recurría a pequeños intervalos para cortar la avalancha. La coma se sentía abruptamente interrumpida y encorvaba su espalda. Del disgusto se pasó a la discusión y un día ocurrió una agria disputa.

–¡Coma! –pedía ella.

–¡Punto! –respondía él.

–¡Coma!

–¡Punto!

–¡Coma!

–¡Punto!

–¡Coma!

–¡Punto! –recalcó él para dejar en claro el suyo.

 Foto: rawpixel.com / GAG

Foto: rawpixel.com / GAG

Ella se encogió agobiada y el punto sintió que finalmente podía respirar, pero solo fue por un breve momento.

–¡Y coma! –se sacudió ella sin darse por vencida.

–Esto es ridículo –protestó él–. Tenemos que hallar un modo de comunicarnos en el que ambos nos sintamos cómodos.

–A mí me encanta hilar palabras –dijo ella.

–Y a mí cerrar las ideas y hacer pausas más largas.

–En cambio a mí me fascina hacer pausas pequeñitas.

–¿No te has dado cuenta que a veces tus pausas se pueden sentir como un pequeño punto?

–Pues lo mismo digo de tus puntos. A veces siento que no deben ser tan largos.

–¿Y qué quieres? ¿Acaso crees que la solución sea hacer un punto más grande y otro más pequeño para diferenciar las pausas?

–Tal vez. En todo caso yo no voy a cambiar mi forma –enfatizó ella–. Soy hermosa así como soy, y así me conocen. No puedo ponerme enorme porque entonces parecería un paréntesis y tampoco demasiado chiquita porque nadie me vería. Es más, me confundirían contigo.

–Te precias de ser una curva pero no eres flexible. Además, me llamas “rígido” y “tajante”, y no ves lo limitada que eres.

–¿¡Cómo puedes decir eso!? –protestó la coma.

–Yo he puesto todo de mi parte para entendernos. He sido comprensivo cuando quisiste decir todo lo que querías y te serví como un punto y seguido. De igual forma, cuando quisiste espacio te ofrecí mi punto y aparte. ¿Y tú que hiciste? Lo mismo de siempre. Volver a hablar y hablar y hablar.

–Lo que pasa es que eres celoso porque no tienes la misma capacidad de argumentación que yo.

–Querrás decir capacidad de cháchara.

–¿¡Cómo te atreves!? –replicó ofendida.

–Es la verdad, no quieres ver tus limitaciones.

–¿¡Limitaciones!? Yo soy quien permito el diálogo, soy quien deja que fluyan las palabras, que se digan todas las cosas sin interrupciones, que la historia continúe. Tú en cambio quieres cortar siempre todo.

–¡Somos signos! Eso es lo que hacemos –expresó frustrado el punto.

–¡Pues toca hacer uno distinto para entendernos! –manifestó ella.

–¡Tengo una idea! –expresó él.

Los dos se miraron y exclamaron al tiempo:

–¿¡Y si juntamos ambos!?

–¡Estupendo! –festejó él–. Hagamos un signo que sea pausa, y que actúe a la vez como una especie de punto y seguido.

–Sí, sí –saltó ella emocionada–. ¿Y cómo lo llamamos?

–Supongo que punto y coma.

–¿Y por qué el punto tiene que ir primero?

–Por simple dinámica –explicó él–. Yo cierro y tú abres. Si tú abres y luego yo cierro, se interrumpe el flujo.

–¿Te das cuenta de que yo siempre soy la que permite el diálogo? –se ufanó la coma.

–Como quieras –respondió el punto–. El hecho es que este nuevo signo servirá para que las ideas sean entendidas de forma más clara y efectiva.

–Me parece bien. ¿Y cómo lo vamos a distinguir? ¿Qué forma le daremos a nuestro hijo? –la coma alzó su cabecita de modo inquisitivo.

–No sabía que habíamos llegado a ese punto –comentó sorprendido él.

–Tú siempre tan cerrado –expresó ella meneándose.

–No pensaba que todo esto iba a ser tan rápido –la miró redondo.

–¿Quieres que hagamos un punto y aparte para hablar de eso? –le preguntó ella con ironía.

–No es necesario. Puede ser seguido –le respondió él con una sutil indirecta–. Lo importante es que estamos en la misma página. Ahora tenemos que ponernos de acuerdo en la forma.

–¿Y por qué no lo dejamos al azar? Dejemos que fluya todo –volvió a menearse ella.

–Me refiero a que debemos mantener todo dentro de una línea vertical. Deber ser una forma compacta para que el resultado sea preciso.

–Tú siempre tan esquemático.

–Trato de simplificar las cosas, eso es todo.

–Bueno, ¿y cuál es tu idea?

–Opino que, como es punto y coma, yo propongo ir arriba y tú abajo.

–¿Pero eso es dominación? Tú eres muy pesado y a mí me gustaría estar arriba también.

–Mi querida coma, ¿acaso no te has dado cuenta de que tu curva nace de un punto? Siempre has llevado uno encima.

Ella se arqueó con expresión de asombro.

–Ahora entiendo mis dolores de cabeza –se lamentó.

–No te preocupes, pocos se dan cuenta. Todos se enfocan en tu curvilínea figura.

–Eso lo dices por halagarme solamente.

–Viniendo de un punto, creo que más que halago, es admiración.

Ella se sonrojó.

–Aun así no me gusta la idea de tener dos puntos encima –reclamó la coma.

–¿Y qué me dices de mí? –argumentó él–. No solo dejo mi lugar de siempre al pie del renglón, sino que ahora quedo flotando, y además, con una cola debajo.

–Ja, ja, ja, pues te luce. Te da más flexibilidad.

El punto y la coma se pusieron de acuerdo y tras aquella creación continuaron con su inseparable relación. Fueron artífices de innumerables historias y entrelazaron una amistad que, según dicen los paréntesis, se convirtió en algo más que eso. El amor fue una feliz consecuencia, y gracias a aquel simpático hijo, conformaron una familia muy unida.

Cuentan también los paréntesis que, tras un tiempo de andar juntos, aquel hijo comenzó a volverse una extensión de su madre. Las palabras entre ellos no conocían el fin, con lo cual obligaban al padre a hacer uso de su ineludible freno. Cansados de ser coartados, madre e hijo fueron a reclamarle al punto que aportara algo más a la familia que una simple contención.

El punto, conociendo sus limitaciones en materia de largos discursos, empezó a narrarles historias tejidas a base de frases cortas. Cada segmento era un ejemplo de síntesis que, sin embargo, daba espacio a la imaginación y poesía. A veces pedía prestados los signos de ella y de su hijo para integrarlos a la narración y ellos participaban extasiados. Sin embargo, el punto tenía un estilo particular que los volvía locos.

–Detesto cuando dejas las historias inconclusas –le replicó un día la coma.

–Sí, papá –la secundó el hijo–. No sabemos si tu historia termina o si hay más.

–Pensé que la intención que pongo era suficientemente sugestiva –explicó el punto.

–No sabemos qué esperar –expresó la coma.

–Justamente eso es lo que quiero –indicó él–. Lo hago adrede para dejar finales abiertos, para que ustedes imaginen diversos escenarios.

–Deberías avisarnos –dijo el vástago–. No sé, indicarlo con algo que sea más visible, algo que marque esa intención.

–Está bien. Creo que ya lo tengo.

–¿Qué vas a hacer? –preguntaron madre e hijo.

–Ya lo verán.

Desde entonces, y cada vez que el punto quería dejar un final inconcluso, se triplicaba a sí mismo.

Y ese fue el origen de los puntos suspensivos.